lunes, 26 de marzo de 2012

El confidente

Dijo que pagaba él: eran argumento irrebatible la persona, el lugar, el consumo, el juego. De haber tenido yo los medios y puesto en la disyuntiva hubiera acudido igual con la mano presta a desenfundar el bolsillo, pero no era necesario. Feliz...

La carnada hipnótica era el acto de conspiración: detectives y espías que pretendíamos ser, víctimas de lo que consignara alguna vez en un libro:

la afición de la adolescencia por el disfraz el santo y seña, los buzones ignorados, las criptografías particulares, los cuadernos íntimos guarnecidos de cerrojos...”


Aunque mejor hablo solo de mí mismo.


Fue por eso todo su rejuego de llamadas inconclusas y marcas al margen de los libros que me había conducido al otro lado de la mesa de La Mina. Pobrecito espía que era yo (Carpentier pagaba por mi tiempo y mi atención con propicios brebajes y pastelería de guarnición, por evacuar el peso de lo que requería decir), de los dos el único a medias molesto con lo conspicuo de la elección. En Ciudad, llena de arcadas oscuras, patios interiores y rellanos de escaleras, citarse a plena luz al costado de la Plaza de Armas era al arte del espionaje lo que la máscara al “Hombre que fue Jueves”.


Pero la cabeza seguía clara, era Alejo Carpentier tirándote de la manga para llevarte a comer pasteles con café de mañana en La Mina con dineros de ediciones exóticas de “Los pasos perdidos”. ¿Podría perdonarme el decir otra cosa que “y doble ración de eclaires para mí”?


- Es una gresaca insopogrtable. - apretó índices contra las sienes, poniendo expresión alelada, emula de las contraportadas de sus libros. Me pido segunda dosis de alcaloides. Adicto al fin, preferiría El Escorial, pero como vine engañado...


Y por así decirlo, como con los dedos: no tengo garantías de que en Alemania los ejemplares se agoten con suficiente celeridad, así que no puedo desperdiciar la chance, palabra que en español e inglés quiere decir “oportunidad” y en francés “suerte” y en este caso, ambas.


  • Cogrtesía de Grichagrd Migrabal y su botella de Barbancourt de 20 años...

  • Conozco a Richard Mirabal – tengo que cuidarme de las grs contagiosas. No quiero ofender, así que elijo frases cortas a la sazón. Sino añadiría anécdota propicia.

  • Suele apagrecer a destiempo con historias de Cap Haitien y Henri Christophe. Me atgrevo al cuento y al gron, pago los resultados. No es una fiesta envejecer. Se fue a las 3 am.


  • Ponerse viejo no es para mariquitas. Tu sabrás. Y hablando de saber y de envejecer. ¿Por qué estoy aquí aparte de una comida gratis, cosa que siempre me han dicho que no existe?

  • No, no... lo sé bien. Y tu siempgre con pgrisa. Droit au but. ¿Constgruir, cosechar, destgruir o fogrnicar? ¿Qué te impide hoy escuchar historias de viejos? Y bastante que comes como para decir que no a otra ronda. ¿Jugo?

  • No, estoy bien, no quiero apretar.

  • No seas pendejo. Tengo de fgrancés y de gruso, no hay nada que disfgrute más que dilapidar el dinero si viene de los alemanes.

  • No me cabe la menor duda, pero igual esto no es para engordar...

  • No soy tan pgretencioso y los alemanes no pagagron tanto como pagra pretender engordarte.

  • Dime lo de Victor Hughes.

  • Victor estaba constgruyendo en Cayena. ¿vegrdad? Pegro no simplemente lo que dice el libgro y los histogriadores que no saben nada. Pogr el libro me disculpo, pegro ciegrtas ficciones se constgruyen no para segr vegrsiones elabogradas de una grealidad simple, sino pgrecisamente para pgrevenirnos de encontgrar esa grealidad cuando simplemente no puede ser supegrada por las letgras. Te conté acegrca de la Otgra Ciudad.

  • Jardines encantados, Puertas que te sacan de este Reino, lo mismo que Levrero o Borges, lo que han estado diciendo desde hace años un montón de escritores. No es nada nuevo, solo que tú lo contextualizas mediante la interacción con una figura histórica real, reforzando así la suspensión de la incredulidad...como recurso...

  • Buenas cagadas que hablas, cgritico de pacotilla, espegro que tengas más mollegra que lengua lagrga pogrque te hagré devolver lo que has comido, ni aunque los alemanes paguen gasto dinegro en convegrsaciones idiotas... escuchame. Ogé se unió a Victor en Francia luego del pgroceso, navegó con él pagra Guayana, pegro el secgreto de todo no está en un bgrujo voudú. Es Sofía...

  • Por La Habana...

  • Comienzas a entender. La grazón por la que escgribes sobre una Ciudad Navegada es la misma de esos autogres que citas, incluso a mí que no tengo nada que ver. Esa compagrsa de ustedes de jagrdines encantados, puegrtas y otgros chismes, eso queVictor Hughes tgrató de grecgrear en Cayena, está acá, nace acá...es acá...

  • ¿Pero como Sofía entonces?

  • A cause du troisième jardin...

  • Claro, ella interactuó con algo así acá en la Habana, aun cuando no se refiera, de ella parten las coordenadas que emplea Victor para...

  • Como decía tu amigo Cogrtazagr... “embestigr el pagralelepípedo de nombgre grepugnante”...

  • Como un toro triste...


Mi interlocutor se animó ante la visión de un hombre. Mediana estatura, camisa de mangas cortas y pantalón gris atravesando la Plaza en dirección a Oficios.


  • Migra como cogrre y se me va. Tengo que hablagr algo con él... siempre tengo que hablar algo con él- musitó, desenfundando billetes gruesos y un puñado de monedas apuradas. Muy apurados todos.

  • El cuento es mío, para la Bitácora.- precisé a sabiendas del debate.

  • Debegrías ponegrle Ad Words a esa miegrda a ver si un día me invitas tú. Aunque para lo que escgribes ahí, tendrás que reunir meses para costeagrme un café.

  • Esa no es una respuesta. ¿Para qué coño me hiciste venir si no puedo hacer el cuento?

  • ¿Tengo que gresponder? Evita los detalles que no deben decigrse y no habrá problemas. Si hablas de más conocegras mi fugria.

  • No jodas, estoy “petgrificado” de miedo.

  • Debegrias, los alemanes impgrimieron sin esperar por lo del degrecho de autor y ahora te puedes quedar con el vuelto.

  • Ok, “evitagré tu fugria”. ¿Dime donde está el Tercer Jardín?

  • No jodas más, se me va a ir... - la rabieta infantil no era muy convincente ni convencida. El Otro siempre tendría tiempo para él eso es sabido o ¿Qué de bueno tendría el ser Alejo Carpentier en la Habana con Desayunos en La Mina incluidos? Era milagro que tuviera que pagar... ¿de qué estamos hablando?


Ni siquiera se acercó, al vuelo atrapé la tarjeta en la que había garrapateado un segundo antes con una pluma que probablemente valdría mi salario anual. “Carpentier” decía en el dorso “Personalidad de la Cultura”. Su representante era un loco... del otro lado estaba la dirección.


  • Tígrala a la bahía cuando salgas. - me comentó desde la puerta.- se lo megrece.

  • ¿Cómo sigue la resaca?- con tales botines podía darme el lujo de un rapto de ironía.

  • La pgróxima vez tomagremos vino... y segrá él quien cuente de su gresaca- prometió al salir.


La tarjeta pasó al bolsillo. Escamotee 25 centavos de la propina, que no los necesitaba para ser generosa. Abajo el fascismo cojones.


Eran solo 6 cuadras y en el camino había una excelente dulcería.