martes, 13 de marzo de 2012

Perpetuum

Para Laneydi

Acaso no exista nada eterno más allá de un continuo y perfecto...

Piénsalo un segundo...


El Caballero de París toma batidos en Zanja, justo al comienzo del Barrio Chino, se moja la barba y sonríe como niño, es niño, se moja la barba. Mario Puzzo con sombrero panameño levanta la vista, hace pantalla con la mano y admira los ventanales de cierto edificio en Prado donde afirma que Meyer Lansky tenía guarida. Roman Polanski, en la esquina de Luz y Damas, toma el sol cada día apoyado en la cerca del parque. El Deleteur de "Historia del Cerco de Lisboa" sube penosamente la mínima escalinata que lleva al parque de Saco y O'Farrill, con el solo propósito de contemplar el horizonte repentinamente expandido. Tagore y Chaplin discurren en fluido francés (¿Dónde diablos aprendió Charlie a hablar francés? No me digan que en la Alianza) sobre la pertinencia del deseo como motor del arte, hallan refugio bajo los árboles del parque de Oficios y Muralla. Steve Jobs y Garry Kasparov juegan dados sobre las mesas del Café O'Reilly, a grandes voces dejan salir un compendio de juramentos expresados en variopinta colección de lenguas: Babel para los piratas. Samantha Morton y Fayad Jamis, toman de la mano a la acera transversal del parque Lennon, fingen no ver la estatua que se impone: "somos parisinos y esta es la torre Eiffel. No pueden engañarnos con oropeles, venimos a por la sustancia", comenta ella en imprevisto español ante la cámara presurosamente esgrimida por el poeta. Gertrude Stein maneja sin contratiempos un Hyundai Sonata más allá del túnel de la Bahía, en el asiento del copiloto, duerme Liuba María Hevia, a la altura del estadio, Stein se arrima al borde, desciende y coge sigilosa una flor silvestre del césped reseco para colocársela en el ojal a la durmiente, sobre una hoja de bloc con los emblemas del Hostal del Fraile, derrama estas palabras a enredar en la guitarra que también duerme en el asiento trasero: "My only hope is not to be an angel in one of your songs...not in one of your songs anyway". Silvio y Pablo no pudieron aguantar más, sendas laptops mediante, cable de red, punto a punto, juegan Starcraft en el Salón 250 de la Universidad de la Habana, dilucidan cuentas que vienen desde el movimiento de la nueva trova en los '70, Pablo usa zerg, Silvio protoss, Pablo verde, Silvio azul, Pablo Dell Inspiron, Silvio Sony Vaio: encuentro entre dos culturas, Sabina en la puerta se fuma un cigarro mientras comenta: "¿por qué no jugamos Quake Arena?". Parado en la terraza de "La Moneda Cubana" en Empedrado y oficios, Alain Delon da una muy personal versión del monólogo de Lagrado a una vitoreante y risueña banda (Pedro Almodóvar, Anthony Quinn, Mia Farrow, Peter Seller, Jean Paul Sartre y Rosario Flores) que le lanza capullos de rosas mientras Delon se regodea con una estola. Humbert Humbert se despierta de una colosal borrachera en brazos de Natassja Kinski, el dolor de cabeza le hace saltar las lágrimas y decide levantarse del portal de los Art Nouveau cerca de la Estación Central, no dice palabra hasta que en algún cafetín improvisado de Egido sorbe un trago bienhechor, tampoco habla cuando atrae a la otra al abrazo y adereza el casto beso en la frente con un leve toque exploratorio de las nalgas. Howard Phillip Lovecraft se niega a dejar su habitación del Ambos Mundos, mira por entre las persianas que dan a Obispo y se atreve a preguntarse que monstruos ocultaran las callejuelas que se escurren por detrás de la mole de San Gerónimo. Oscar Wilde y Reinaldo Arenas hacen el amor en San Isidro 231, al terminar, abrazados, el primero le comenta "this reminds me of northern Italy, but then again..." el otro no le deja terminar, "La Habana es todos los lugares, lo sabías y los aceptaste al venir aquí. Siempre serás local y ajeno, siempre con el pulso prediciendo el siguiente paso nómada...capricho de insularidad". Gabriela Mistral garrapatea notas en una agenda desde su asiento del café Habana en Mercaderes y Amargura, mira por lo bajo a un hombre de fingida hojalata que pregunta a un puñado de niños si son corderos. Saint-Exupery y Pascale Jaunay en camisas de hilo blanco guatemaltecas, sorben jugos de piña en la Casa del Té mientras calculan el tiempo de giro de la lanchita de Regla, saltan de improviso y cruzan Desamparados a la carrera. Hemingway está tumbado con un sendo chichón en la frente en la esquina de 17 y 8, Juana Bacallao le tira del brazo intentando incorporarlo mientras le dice "vamo Papa levantate, ponte pa esto por tu madre no me haga el desaire que todo lo que tengo es tuyo". En la Plaza de San Francisco de Asis, Anaïs Nin va esparciendo trocitos de pescado, acuden gatos en lugar de palomas, Chano Pozo, sentado junto a la estatua de Chopin, asiente mientras murmura "es un bicho la blanquita esa..."


Desfilando hasta el infinito, deshaciéndose de pies y cabeza, la Ciudad es un inmenso platelminto parasitando tierra y neuronas. Suerte de lo escatológico, vulgar, mágico, sublime, inmundo, desarrapado, fiel, certero, brillante, lúcido y sus contrarios. Todo lo que es...