lunes, 28 de abril de 2008

Mensaje en una botella...

En Marianao, cerca de la casa de unas primas de mi papá donde íbamos casi todos los años, vivía un señor que tenía tres gatos de estos, simpatiquísimos. Les había puesto los nombres de los Marx Bros: Groucho, Harpo y el otro que nunca recuerdo, eran animalitos mansos y de pelo suavísimo, casi terciopelo !y con unas caritas! jugaba yo mucho con ellos y jamás me arañaron, quizás reconocían a un congénere.
Ahora, al comprender cuanto dependo de un mierdero par de cristales para ver las cosas que escribo o las que quiero observar me doy cuenta (una enésima vez más) que aquel señor se fue y se murió en España, que las primas de mi papá están hechas unas viejas chochas, que mis padres ya no están y me dejaron, que mi sobrino tiene novia, que no puedo jugar tennis como antes, que la música que me gusta está demodée y que mis años -a cada rato, por joder- me pasan la cuenta de los inviernos que me quedan. Dicen que así es la vida.
Menos mal que existen los recuerdos.
Perdone el amigo las ausencias, siempre se le pensó.
S.
PS: De los gatos nunca supe que pasó con ellos, pero no me preocupo: somos animales fuertes.