martes, 18 de marzo de 2008

La Llegada II

Desesperado huí por los pasillos intentando escabullirme hasta mi refugio, sintiendo sus pasos reptar detrás de mí.

Cerré la puerta apoyando el cuerpo en barricada inútil. Corrí cerrojos y activé alarmas rústicas. Empujé contra la entrada a la vieja máquina de coser, a la cama y su colchón, a los libros todos, a la decrépita máquina de escribir Underwood, a los lapiceros y a los tapices medievales dibujados por mi sobrina, a un clavel marchito y a la caja de ajedrez, al televisor panda (con al menos 2 programas de entrevistas, una serie de moda y un juego de baseball aun rodando adentro). Arrimé a esta improvisada estacada, incluso a los más temidos y sinceros espejos…¿Cuánto vale la Verdad ante el Miedo?

Cubrí las rendijas con toallas de papel, pañuelos almidonados y tiras de antihistamínicos.

Aun así, la temida Primavera que llegaba, continuó filtrándose a borbotones…