martes, 19 de febrero de 2008

Trampas del Tiempo...

Los parques no corresponden al dominio de este mundo. Son países en sí mismos, ciudades de otra dimensión en la que las magras reglas que rigen la existencia diaria rehúsan aplicarse.

En los parques, por ejemplo, todos los días son soleados, a despecho de este clima ecléctico (como todo lo nuestro) que nos gobierna. Son el Nunca-Jamás de infinitos Peter Pan de rodillas raídas y sonrisa amplia, que vienen con sus guantes, balones, raquetas, poodles, libros coloreados, cometas, chivichanas, cuadernos; a debatirse entre olas de entretenimiento.

Solo en los parques tienen solución los problemas de álgebra, solo en los parques puede lucir soleada la poesía de Cesar Vallejo, solo en los parques los Heathcliffs y las Catherines viven felices para siempre.

Pero más poderosa es la noche, en la que desciende el Largo Hechizo…pues todos los parques de la Verdadera Ciudad son bosques encantados en los que los Hermanos Grimm no se atrevieron a aventurarse.

Así, cuando palidecen los bancos y los árboles se tornan serios, estos rincones de la fantasía robados al cemento y las avenidas grises, se pueblan de criaturas míticas: amantes, bandidos famosos o anónimos, bestias y trasgos, depredadores y carroñeros, galanes y asesinos.

Los parques, esos modestos imperios de la magia, son puertas por las que la Ciudad se fuga de sí misma…