miércoles, 20 de febrero de 2008

Starbuck

Mi maletín cayó de un avión que cubría la ruta entre San Juan de Puerto Rico y Nueva York. Por eso habla en spanglish y le mira el trasero a las mujeres y jura “por su bolsa madre” que Carlos Santana es el mejor guitarrista del mundo.

Mi maletín prefiere que le llamen “bolso” aunque suene femenino, porque para él “los maletines son sacas rígidas y estiradas, pobladas de papeles y poseída por un ejército de hombres de camisas a cuadros, que nunca corren riesgos o suben al autobús” y mi maletín es, por sobre todas las cosas, un aventurero.

Mi maletín (yo le sigo llamando así, solo por verle rabiar) es un microcosmos dormitando dentro de una nebulosa de lona negra.

Mi maletín, por el que vagan libros viejos, papeles anónimos y la novela en ciernes que me catapultará a la fama, las revistas de un chicano profesor de la A & M University y todos los vestigios de mi mundanidad: una caja de mentitas mojadas en la lluvia, mi cepillo de dientes, un puñado de preservativos sueltos y un boleto del Festival anterior, trastocado en involuntario marcador de mi diccionario de francés.

Mi maletín, mi escudo, mi morral, mi almohada y cobertor, mi Sancho Panza, mi Cueva de las Maravillas, mi Teddy Ruxpin…