
La Ciudad, esa falacia de los geógrafos, es apenas una construcciónde los sentidos cercana al espejismo...
La Ciudad es una carcasa magra dentro de la cual, como un caracol de luz se esconde la Verdadera Ciudad.
La Ciudad somos nosotros, los que la habitamos diluyéndonos en sedimentos de memoria que las paredes atrapan.
La Verdadera Ciudad: esta de personas cabalgando los muros simples, es móvil (como en algúna historia de Jonathan Swift), muere y renace a cada segundo, tiene piernas y alas y sueña (¿acaso se equivocaban los poetas?) y recuerda.
Se revela apenas a los Elegidos, a los que salimos a buscarla tras el antifaz de ventanas que la oculta...
Esta Bitácora que te dedico a tí; soñando quizá seducirte para que salgas de mi mano, volando sobre los techos raidos, a cazar esa huidiza Utopía de la que te hablo; es apenas el recuento de mi transcurrir por calles, a guisa de trasnochado Marco Polo.
No escondo mis intenciones, la Ciudad y Yo te hemos deseado desde hace mucho, te acechamos bajo nuestras máscaras cotidianas: un transeunte que pasa, una tonada que escapa de las ventanillas de un auto, la risa del mar en las tardes. Demasiado hemos esperado ya...
Vengo, entonces, a mostrarte la Ciudad que soy bajo mis pasos...
La Ciudad es una carcasa magra dentro de la cual, como un caracol de luz se esconde la Verdadera Ciudad.
La Ciudad somos nosotros, los que la habitamos diluyéndonos en sedimentos de memoria que las paredes atrapan.
La Verdadera Ciudad: esta de personas cabalgando los muros simples, es móvil (como en algúna historia de Jonathan Swift), muere y renace a cada segundo, tiene piernas y alas y sueña (¿acaso se equivocaban los poetas?) y recuerda.
Se revela apenas a los Elegidos, a los que salimos a buscarla tras el antifaz de ventanas que la oculta...
Esta Bitácora que te dedico a tí; soñando quizá seducirte para que salgas de mi mano, volando sobre los techos raidos, a cazar esa huidiza Utopía de la que te hablo; es apenas el recuento de mi transcurrir por calles, a guisa de trasnochado Marco Polo.
No escondo mis intenciones, la Ciudad y Yo te hemos deseado desde hace mucho, te acechamos bajo nuestras máscaras cotidianas: un transeunte que pasa, una tonada que escapa de las ventanillas de un auto, la risa del mar en las tardes. Demasiado hemos esperado ya...
Vengo, entonces, a mostrarte la Ciudad que soy bajo mis pasos...